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Viviendo en el orden de Dios

  • Foto del escritor: bienaventuradassomos
    bienaventuradassomos
  • 15 jun 2022
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 16 jun 2022


“En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amós, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Reyes 20:1).


Si hay algo que en esta vida tenemos certeza, es que más acá o más allá, todos moriremos. A todos, en algún momento, nos llegará la hora de partir. Esto David lo había entendido, y le dijo a Dios: “Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy. He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah” (Salmo 39:4-5).


Así es, nuestros días están contados. “El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, Que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más" (Salmo 103:15-16). También dice en el Salmo 102:11 (PDT): “Mi vida se desvanece como una sombra; voy marchitándome como la hierba”. En el Salmo 90, Moisés dice lo siguiente: “Podemos llegar a vivir setenta años, hasta ochenta si gozamos de buena salud. Vivimos trabajando duro y sufriendo, y de repente, nuestra vida termina y volamos” (v.10 PDT).


Dios nos bendijo con una vida abundante mientras estemos acá en esta tierra y luego, una eternidad gloriosa junto a Él si somos fieles hasta el fin. Ahora, debemos pedirle a Él, que nos ayude a vivirla sabiamente. La gente que no conoce a Dios vive su vida como quiere, con desenfreno en un desorden total. Viven una vida sin entendimiento. “Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien” (Salmo 14:1).


Ellos tienen un refrán muy conocido: “La vida es una sola y hay que vivirla”. Pero la Biblia dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). La mayoría piensa que cuando mueran, irán de seguro al cielo, otros no saben que pasará después. Lo cierto es que muchos temen a la muerte.


Lo llamativo es que algunos de los que dicen ser cristianos, viven en un desorden y no en el orden que Dios ha establecido para nosotros. El llevar una vida desordenada afecta cada área de nuestras vidas: la espiritual, la familiar, la económica, laboral, estudios, los pensamientos, las emociones y, en ocasiones, hasta la salud. Como pasó con el Rey Ezequías.


Mientras estemos vivos, tenemos la oportunidad de cambiar. No debemos desperdiciar cada oportunidad que Dios nos da cuando nos habla. Debemos oir con atención las advertencias y no menospreciar el consejo de Dios.


Debemos ordenar nuestra vida con la Palabra de Dios


“Oigan ustedes, los que dicen: «Hoy o mañana viajaremos a esta u otra ciudad y estaremos allí un año, y haremos negocios y ganaremos mucho dinero». Ustedes ni siquiera saben qué va a pasar con su vida el día de mañana, porque ustedes son como vapor que aparece sólo por un momento y después desaparece. Por el contrario, siempre deberían decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:13-15 PDT). Ninguno de nosotros conoce el futuro, o lo que va a pasar mañana. El único que lo sabe, es Dios.


Nuestros tiempos están en manos del Señor, nuestra vida le pertenece y hará lo que Él ha dicho: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo 32:8). Al ser dependientes del Señor, reconocemos que debemos aprender. El rebelde no quiere ser enseñado. La Palabra de Dios es luz más que suficiente, es nuestro manual de vida. ”La enseñanza del SEÑOR es perfecta, reconforta el ánimo. Lo que dice el SEÑOR en su pacto es seguro, ayuda a los ignorantes a volverse sabios. Las leyes del SEÑOR son justas, hacen feliz a la gente. Los mandamientos del SEÑOR son buenos, le muestran a la gente el camino correcto a seguir” (Salmo 19:7-8 PDT). Una vida entregada sinceramente al Señor, es transformada para su gloria.


La rebeldía nos hace independientes


El pecado invita a vivir “la vida loca”; en desenfreno. Una vida sin tener en cuenta a Dios. Una vida sin límites, ni principios, llena de oscuridad, donde todo vale y está permitido. Pero quienes estamos en Cristo, debemos entender que nuestra prioridad, es someternos a Dios; depender de Él. El enemigo de nuestras almas querrá llevarnos, como él mismo lo hizo, a rebelarnos a la autoridad de Dios; a no reconocerlo como nuestro Soberano Rey Supremo. Cuando se deja a Dios de lado, viene la ruina. Jesús vino a reestablecer lo que se había perdido en el Edén, Él vino a traer orden en nuestras vidas.


Dios notificó a Moisés sus caminos y él obedeció a Dios, pero el pueblo no lo quiso oír, fue rebelde a su voz. “Sus caminos notificó a Moisés, Y a los hijos de Israel sus obras” (Salmo 103:7). ¿Y cuáles eran esos caminos? Sus mandamientos. La Ley de Dios se dio primero a Moisés y al pueblo de Israel. La Ley de Dios presenta una clara descripción de la naturaleza de Dios y su voluntad. El Salmo 19 versículo 8, nos dice que los mandamientos, su Palabra, nos muestra el camino correcto a seguir. La Palabra de Dios es perfecta, es completa, no le falta nada. Ella ordena nuestros pasos, nuestros pensamientos. “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9). También la Palabra nos dice. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). La limpieza y orden van de la mano. “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).


En el versículo citado anteriormente, de Isaías, el Señor menciona nuestros pensamientos. Cuando tenemos desordenada esta área puede producirse pensamientos pecaminosos de todo tipo. Un pecado nunca está “solo”, trae “de la mano” a otros, y así hace cada vez más densa la oscuridad. Nuestros pensamientos o nuestros propios caminos siempre estarán lejos de Dios. Debemos limpiarnos de todo aquello que nos aleje de sus propósitos, no debemos alimentar lo que algún día, nos terminará aplastando. Por más barnizado de "piedad" que esté. Dios no puede ser burlado. Dios conoce el corazón y las intenciones. Dios ve cuando algo se hace sin su aprobación. Podemos tener aprobación de los demás, y estar desagradando a Dios.


Fundamento sólido


“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2). “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Cuando Dios está en primer lugar en nuestras vidas: hay orden, hay paz. Él nos dejó un fundamento sólido sobre el cual podemos permanecer firmes: su Palabra.


Pedro le dijo al Señor: “¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). No seamos de los que, aún yendo a la Iglesia, rechazan la Palabra de Dios porque no quieren que sus vidas sean transformadas, santificadas, ordenadas. “Y así es como Dios juzga: yo he venido al mundo, y soy la luz que brilla en la oscuridad, pero como la gente hacía lo malo prefirió más la oscuridad que la luz" (Juan 3:19 TLA).


Hagamos de la siguiente porción de la Palabra de Dios nuestra oración:Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí” (Salmo 119:133). Nuestra vida es corta y los días son malos.


Y que así sea nuestro modo de vivir: “La Palabra de Cristo more en abundancia en vosotros” (Colosenses 3:16). Que su Palabra habite en nuestros corazones, dirija nuestro caminar y podamos permanecer fieles hasta el fin.


 
 
 

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