El refugio del justo en el sufrimiento
- bienaventuradassomos
- 20 mar
- 8 Min. de lectura

“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?" (Salmo 11:3)
Nuestra vida muchas veces deberá enfrentar momentos de sufrimiento, sinsabores y contrastes. Podemos tener mañanas de plena alegría y noches de lloro. Una mala noticia, un diagnóstico inesperado, decepciones, traiciones; pueden cambiar de repente nuestro día y el resto de nuestra vida. Incluso en el clima podemos ver esto muy bien representado. En un mismo día puede hacer mucho calor, de repente llueve a media tarde y a la noche hace frío. Todo es muy cambiante, nada en este mundo parece permanecer estable: aún nosotros mismos.
Dios nos muestra lo inestable y pasajero de nuestra existencia y lo hace a través de la naturaleza, como bien lo pudo describir Job 14:1y2 “El hombre, nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece”. Este es un panorama muy sombrío, no es nada alentador y añadió más: “Pero como las chispas se levantan por el aire, Así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:7). O sea, las chispas cumplen la función de volar y el hombre la de sufrir.
Este mundo es imperfecto, el pecado todo lo desvirtuó. Desde la desobediencia de Adán y Eva en el huerto de Edén, nada permaneció en la perfección en que Dios lo había creado. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).
El profeta Jeremías 20:14 dijo: “Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito”. Y no solo él, el profeta Elías deseó su muerte y lo expuso como una petición a Dios. Job mismo en su peor momento exclamó: “Perezca el día en que yo nací”. Es que habrá momentos y circunstancias en nuestra vida, en que no vamos a querer enfrentar figurativamente valles, montañas y desiertos que se vuelven muy reales, que nos hacen querer huir de ellos.
David mismo en el Salmo 55.6-8 pronuncia angustiado: “¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo y descansaría. Ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto. Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad.” Enfrentaremos esta tentación que también experimentaron estos hombres de Dios al verse superados por las circunstancias que tuvieron que atravesar en su peregrinar por esta tierra. Querer huir no es la decisión más acertada que podemos tomar. Ya que son esos momentos de sufrimiento, reveses y desafíos los que pueden traer un despertar espiritual; una búsqueda más profunda de Dios.
El dolor de la traición
En esa oportunidad alguien muy cercano a David y que gozaba de toda su confianza, lo había traicionado, y él lo describe así: “Mi corazón está dolorido dentro de mí…” y no era para menos, veamos quién lo había traicionado: versículos12-13 “Porque no me afrentó un enemigo, lo cual lo habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él; sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía, y mi familiar…” ¡Qué profundo dolor, qué sufrimiento produce esto! Y lo entenderán más quienes lo hayan sufrido.
Esto prueba que también aquellos que aman a Dios y le sirven fielmente, experimentarán la traición. Tal como nuestro Señor Jesucristo que fue traicionado y vendido por uno de sus discípulos más cercanos a quien había demostrado tanto amor y por quien Él venía a dar su vida. ¡Cuánta maldad! Todo lo sufrió nuestro amado Salvador y puede socorrernos con su gran compasión, ya que “…fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.
Miremos lo que hizo David, cuál fue su Refugio: V.16-17 “En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.” ¡Él sabía lo que debía hacer! Esta es la perfecta actitud que tenemos que tener; ¡refugiarnos en nuestro Dios! ¡Él Jamás nos fallará! ¡Su ayuda, su comprensión y consuelo ¡jamás nos faltará! Salmo 37:5-6 “Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, Y tu derecho como el mediodía”.
La vida no es fácil y Jesús lo dijo claramente: “…Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33 NTV). Y si sabemos que Jesús es La Verdad y que nos habla con verdad, ¿Porqué al momento de sufrir se nos nubla el entendimiento y nos resistimos a padecer? Parece más agradable y tentador un “pare de sufrir” o “tu mejor tiempo es aquí y ahora”; pero esa no es la realidad. No nos dejemos engañar. Sufre el piadoso, sufre el impío y el fin es la muerte para todo ser humano.
Seguir a pesar del sufrimiento
Eclesiastés 9:3 “Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos…” Pero, el mismo Eclesiastés también asevera lo siguiente: “Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen en su presencia...” Además, contamos con la hermosa, firme y segura promesa que tenemos quienes confiamos en Cristo, que “Si seguimos constantes a pesar del sufrimiento, entonces reinaremos con él” (2 Timoteo 2:12 PDT). Y que si somos “…hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados” (Romanos 8:17). ¿Podemos ver la gran diferencia que hay entre quienes no conocen a Dios y nosotras sus hijas? Si unimos estas dos poderosas promesas somos más que bienaventuradas. Si recibimos, no solo lo que a nuestro parecer son bendiciones, sino también cuando vienen las adversidades, refugiadas en Dios, y no en la queja; veremos la salvación del Señor.
El apóstol Pablo dijo en Hechos 14:22 “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Los animó a pesar de que momentos antes había sido apedreado casi hasta morir por predicar el evangelio. Nada de lo que sufrió pudo detenerlo. Y dijo más: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).
Conocer quién es Dios
Necesitamos esta seguridad, este conocimiento de quién es Dios para que, a pesar de los sufrimientos que tengamos que enfrentar, podamos permanecer firmes amando al Señor y cumpliendo con el llamado que Él nos ha hecho a seguirle y servirle fielmente.
Los profetas, apóstoles y discípulos comprometidos con su causa, también sufrieron. Hebreos 11:36-38 describe perfectamente estos sufrimientos: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”. Pero ellos habían encontrado en Dios un Refugio incomparable, un dulce Refugio que endulzaba todos estos sufrimientos. Por esto preferían morir antes que negar a su amado Señor.
Miremos brevemente la vida de María la madre de Jesús. Dios envía al ángel Gabriel a anunciarle un embarazo sobrenatural, ya que ella era virgen y no había conocido varón. El Hijo de Dios, Jesús ¡quien es Dios! sería engendrado en su vientre. “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). ¡Algo extraordinario que jamás antes había ocurrido! A pesar de esto, en ningún momento dudó o cuestionó la voluntad de Dios al escogerla para algo tan asombroso. Lo aceptó sin ningún cuestionamiento, a pesar de lo que eso significaría para ella; renunciar a sus planes y tener que soportar las críticas de sus conocidos. La salutación del ángel fue: “¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lucas 1:28b). Podríamos malinterpretar este texto de las Escrituras y creer que María jamás sufriría porque contaba con el favor de Dios. Que su vida solo desbordaría de momentos placenteros sabiendo la gran misión que Dios le había encomendado; ser la madre del Hijo del Dios Altísimo. Pero veremos que luego del nacimiento de Jesús, “cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron para presentarle al Señor…” tal y como lo mandaba la ley, ya que Jesús la cumplió a la perfección como ningún ser humano pudo ni podrá hacerlo. Allí “un hombre llamado Simeón” “justo y piadoso” recibe la revelación que el “Ungido del Señor” estaba en el templo, fue y su corazón saltó de alegría y gratitud. En ese momento tan especial, se dirigió a María y estas fueron sus palabras específicas para ella: Lucas 2:35bTLA "Y a ti, María, esto te hará sufrir como si e clavaran una espada en el corazón”. Sufriría algo desgarrador, sería testigo de la muerte más cruel en contra de Jesús, el odio y la maldad de aquellos a quienes Él tanto bien había hecho. Juan 19:25a “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre…” Y aunque ella guardaba muchas cosas en su corazón y las meditaba, este sufrimiento realmente desgarraría su alma. Pero ella no permaneció sumida en el dolor. ¡Jesús resucitó y ella lo supo! Recibió la vida de Cristo, su salvación y Él fue su Refugio. Y su decisión fue seguirlo todos los días de su vida, adorarle y servirle. La encontramos con los apóstoles y discípulos de Jesús Hechos 1:14 “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos”.
Las adversidades cambiadas en bendiciones
En Jesús siempre hay esperanza y el sufrimiento se puede superar y tener tiempos de gran alegría y preciosas bendiciones. Porque “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella”. Y precisamente lo que parecen situaciones adversas muchas veces son bendiciones disfrazadas. Detrás de ellas, Dios está derramando en nuestros corazones bellas riquezas espirituales.
Todos de una u otra manera queremos evitar el sufrimiento propio y ajeno. Los discípulos de Jesús no podían comprender porqué Él tenía que tomar la copa amarga. “Pedro se llevó a Jesús aparte y lo reprendió por hablar así. Le dijo: _¡Eso no puede sucederte, Señor! ¡Que Dios nunca lo permita!” No queremos que sufran quienes amamos. Pero cuando él les “abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras”. Les dijo: “Así está escrito, y así era necesario que el Cristo padeciese…”. ¡Maravillados y con un profundo gozo vieron a Jesús resucitado!
El plan de Dios siempre es perfecto. Hay belleza aún en el dolor. Cuando nuestra perspectiva acerca del sufrimiento cambia; cambia nuestra respuesta. A través de esto nos es revelado lo que hay en nuestro corazón. Podemos ver a Dios trabajando con nuestro orgullo, santificándonos y purificándonos. Aprendemos la obediencia.
El mismo David fortalecido en Dios pudo decir algo totalmente diferente en el Salmo 11:1 “En Jehová he confiado; ¿Cómo decís a mi alma, Que escape al monte cual ave?” ¡Ya no quiere huir, él sabe que Dios es su Refugio! Y continúa en el Verso 3 “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo?”. Y él mismo responde esa pregunta: V.4 “Jehová está en su santo templo; Jehová tiene en el cielo su trono…”. Con esta seguridad en su corazón, él ya no tiene ningún temor. Porque tal como el apóstol Pablo le escribe a Timoteo: “…el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Cristo.” ¡Los fundamentos de Dios son indestructibles! Jesús dijo: “El cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
¡Él dijo y el cumplirá! Nuestro Dios no cambia. Dios mismo nos promete cuidarnos y preservarnos hasta el día final. En Él podemos vivir confiadas y seguras. Debemos prepararnos porque ciertamente puede que el sufrimiento toque a nuestra puerta. ¿Y cuál será nuestra respuesta? Confiemos sin titubear en la fidelidad de nuestro buen Dios, de nuestro dulce Refugio. Él “siempre nos llevará en victoria en Cristo Jesús”.
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