Amadas por la eternidad
- bienaventuradassomos
- 4 jun 2024
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“Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19).
Con toda nuestra lógica humana nunca podremos comprender el amor de Dios. La misma Palabra dice que su amor excede todo conocimiento. Todo lo que podemos saber o conocer sobre el amor no tiene comparación con la clase del amor de Dios. El amor que conocemos o que podemos dar u ofrecer es un amor imperfecto, egoísta, engañoso, envidioso, y hasta dañino; es un amor caído.
El perfecto amor de Dios sobrepasa todo entendimiento. Esto significa que es un amor que está por encima, que va más allá. Es elevado, superior. Efesios 3:18 (NTV) “Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y profundo es su amor”.
¡Cuán ancho! Es tan ancho que sus brazos extendidos en la cruz alcanzan a toda la humanidad. Es tan ancho que cualquier pecador, no importa su condición, que se acerque a Cristo y crea en él y en su obra hallará salvación. Ese mismo amor que nos alcanzó a nosotros.
¡Cuán largo! Es un amor tan largo que va desde la eternidad y hasta la eternidad. Antes de crear el universo, Dios había pensado en nosotros, Dios nos tenía en su pensamiento desde la eternidad y desde entonces nos amó, nos ama y nos amará. Su amor abarca hacia la eternidad, a quienes creen en su Hijo les ha prometido vida eterna y estar con Él para siempre. Hay algo a lo cual la mayoría de las cosas en este mundo no pueden resistir y es al tiempo, pero el amor de Dios no mengua con el tiempo, desde la eternidad y hasta la eternidad nos amará igual. Jeremías 31:3 “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”.
¡Cuán alto! Salmo 103:11 “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen”.
¡Cuán profundo! ¡La profundidad de su amor, cuán grande es! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”(Juan 3:16).
Amor sin medida
Tal vez no lleguemos a comprenderlo, pero sí a conocerlo. Es un amor sin medida. Su amor es tan grande, majestuoso, tan sublime que no podríamos definirlo en palabras. Amor sin egoísmo, con una entrega total. “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39).
JESUCRISTO en la cruz es la mayor y más clara expresión del amor de Dios para la humanidad. Efesios 2:4-5 “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”. Ese amor no solo nos salva, sino que nos rodea, nos protege. “Fortaleza mía, a ti cantaré; Porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia” (Salmo 59:17).
Jesús, nuestro Sumo sacerdote, oró al Padre para que seamos uno como hermanos en la fe y seamos uno en Él. En Juan 17:21 leemos “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. El Padre con el Hijo, el Hijo con los creyentes, los creyentes con los creyentes y los creyentes con el Padre, formando un círculo continuo en unidad perfecta. ¿Qué podría separarnos del amor de Dios tan ancho, tan alto, tan largo y profundo? Romanos 8: 38 dice “por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
No debemos dudar ni un segundo de ese amor que nos salva, sostiene, levanta, rodea, protege, fortalece, anima, corrige, afirma.
Tan grande es su amor que hoy somos llamados hijas “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1).
Cuando aprendemos a disfrutar de ese amor, celebramos su deleite en nosotras. Cantares 4:10-15 dice “Cuán dulce es tu amor, amada mía, novia mía, cuánto mejor que el vino. Más fragante es el perfume de tu amor que las más ricas especias”. No solamente nos ama y produce en nuestros corazones contentamiento y gozo, sino que a la vez nos permite la oportunidad de producir contentamiento en Su corazón. Esa certeza nos lleva a descansar en su fidelidad. Salmo 103:11 (DHH) “Tan inmenso es su amor por los que lo honran como inmenso es el cielo sobre la tierra”.
El amor de Dios expresa toda su bondad para el pecador. El amor de Dios es espontáneo, inmotivado, incausado, él nos amó y nos ama porque decidió hacerlo, porque su esencia es el amor. Él nos llenó, nos colmó con su amor. “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).
Al contemplar y meditar en todo esto, en su amor inquebrantable, que no disminuye, no cede, no se debilita, es un amor vivo, incapaz de ser cambiado, ¡que nos cubre por completo!, sólo podemos sumarnos a la exclamación del apóstol Pablo como dice en Efesios 3:21 “A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”. Sí, sea la gloria por siempre al Señor por ese amor tan perfecto y magnífico que no podemos dimensionar, pero en el cual ¡estamos inmersas! ¡Gracias Señor!
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