Testeadas para vida eterna
- bienaventuradassomos
- 18 mar 2024
- 8 Min. de lectura

"Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento" (Lucas 5:31-32).
Entendemos que el lenguaje de las Escrituras no es terrenal sino que es un lenguaje espiritual y a lo largo de los evangelios vemos que el Señor utiliza ejemplos y comparaciones de la vida cotidiana con el propósito de revelar las profundas y maravillosas verdades de su reino, pero también dejan al descubierto los pensamientos e intenciones del corazón del hombre. Estas palabras de Jesús, fueron pronunciadas en respuesta a la descalificación que sufrió por parte de los escribas y fariseos al considerarlo impuro, por el hecho de comer con quienes ellos juzgaban de pecadores, pero Jesús les va a responder que aquellas personas que están sanas no tienen necesidad de recurrir a un médico, relacionando a los sanos con los justos y a los enfermos con los pecadores.
En Romanos 3:10-11 dice: “No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios”. Entonces, ¿Qué es lo que el Señor quiso decir en este versículo? Lo que Jesús va a expresar, es que aquellas personas que se consideren “sanas”, “justas”, "buenas" no pueden ver la condición de pecado en la que se encuentran, pues, del mismo modo que solo recurrimos a un médico cuando notamos que algo no está funcionando correctamente, así, corrimos hacia los brazos de nuestro precioso Salvador cuando entendimos la necesidad de ser salvadas por Él. Jesús expone los pensamientos de los escribas y fariseos; ellos se creían sanos, justos, sin pecado, sin la necesidad de ser limpiados, ni siquiera de ser evaluados en su condición. Es por esto que el Señor confronta su engañoso corazón diciéndoles… “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”. Solo la persona que puede ver su pecado entenderá la necesidad del arrepentimiento para vida eterna.
Síntoma
En estos últimos años nos ha tocado vivir un tiempo en donde ciertas palabras, que no se usaban con tanta frecuencia, han cobrado una importancia de la que no estábamos acostumbradas. Otras, nunca las habíamos escuchado nombrar y las tuvimos que aprender. Pero más allá de esto, ante el acontecimiento mundial del COVID-19, nos ha tocado prestar mucha atención a los síntomas de esa enfermedad "nueva y desconocida" que podría llevarnos a la muerte.
La palabra síntoma hace referencia a la alteración del organismo que pone de manifiesto la existencia de una enfermedad y sirve para determinar su naturaleza. Con los síntomas se puede diagnosticar a un paciente y en muchos casos nos orienta a saber los estudios que requiere para la confirmación del mismo y así poder brindarle el tratamiento correcto. Aunque no todas las enfermedades nos llevan a la muerte, cualquier persona que tenga algún síntoma de enfermedad, lo padece, por más leve que sea. No solo es una advertencia de que algo en nuestro cuerpo no funciona bien, sino que buscamos la manera de aliviarlo.
Síntomas espirituales
De la misma forma, debiera pasar en nuestra vida espiritual. Ya no estamos bajo la esclavitud del pecado pero muchas veces podemos presentar síntomas que nos muestran cómo está nuestro corazón delante del Señor. Esos síntomas nos dan el indicio de que algo en nosotras no está bien, que no estamos viviendo como al Señor le agrada, perdiéndonos de bendiciones por no poder vivir esa vida abundante que Él nos quiere dar. Hay personas que prefieren vivir con dolor o malestar físico antes que visitar al médico, ante el temor de una mala noticia. Eligen vivir engañadas, pensando que, si ignoran el síntoma, no existe el problema. Pero el Señor no desea que vivamos así, en Juan 10:10b dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
Para vivir esa vida abundante es necesario que hagamos un testeo de nosotras mismas, a la luz de su Palabra, en oración, en comunión con Aquel que pesa nuestros corazones. La palabra testear, también muy escuchada en estos tiempos, nos habla de someter algo o alguien a una prueba o control, examinar, analizar, probar, comprobar, experimentar. Debe ser nuestra oración y anhelo que nuestro Señor nos “testee” a diario, a través de su Espíritu que mora en nosotras, para que no vivamos engañadas, espiritualmente débiles, enfermas; ese era el deseo del rey David cuando exclamó en el Salmo 139:23-24 “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”.
Testeando los pensamientos
Una de las primeras pruebas o test que nos indicará cómo está mi corazón delante de Aquel que todo lo conoce, son los pensamientos. Pues todo aquello en lo que pensemos, es de lo que nos vamos a terminar ocupando. El Señor nos muestra en su Palabra su voluntad en cuanto a esto, a través de varios versículos: Filipenses 4:8 (PDT) “En fin, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, noble, correcto, puro, hermoso y admirable. También piensen en lo que tiene alguna virtud, en lo que es digno de reconocimiento. Mantengan su mente ocupada en eso”. Es decir, mantengamos nuestra mente ocupada en Cristo y en su Palabra, lo cual es un mandato y a la misma vez somos beneficiadas a través de ella. En Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. En Efesios 4:22-23 dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente”. Al conocer y entender su Palabra, no solo somos renovadas en nuestra forma de pensar, sino en nuestra manera de orar, pues dependeremos del Señor y anhelaremos su voluntad por encima de la nuestra y pediremos al Padre conforme a ella. Aun en lo cotidiano; hagamos todo pensando en honor a Él, pues para que nuestra mente sea guardada, no debemos perder de vista que en todo lo que hacemos, servimos a Cristo. Colosenses 3:23-24 (PDT) “Cuando hagan cualquier trabajo, háganlo de todo corazón, como si estuvieran trabajando para el Señor y no para los seres humanos. Recuerden que ustedes van a recibir la recompensa del Señor que Dios le prometió a su pueblo, pues ustedes sirven a Cristo el Señor”.
Testeando las palabras
Otra prueba o test son las palabras que salen de la boca, sabemos que la Biblia nos dice en Lucas 6:45 “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Las palabras que decimos son el indicador de cómo nos encontramos en nuestro interior. Una herramienta que usan los profesionales médicos es escuchar al paciente, el cual lo guiará en el problema de salud que padece. Así es también con nosotras, cuántas veces al escuchar a una persona nos damos cuenta de cómo está su corazón por cómo se expresa o las palabras que usa. Las palabras nos dejan ver si hay odio, amargura, resentimiento, ira, celos, falta de perdón; y a la vez evidencian si vivimos en un autoengaño. Ahora bien, quizás no nos encontremos en esta situación, pero igualmente debemos estar siempre atentas a nuestras palabras porque ellas nos llevarán a ver si mi corazón se está contaminando; por más insignificante que parezca, nos llevará a terribles consecuencias.
Hay creyentes que utilizan malas palabras o malas expresiones y al decirlas bajan el tono de su voz o solo las usan con determinadas personas. El ser selectivas en nuestra forma de hablar o expresarnos frente a los demás, nos deja ver una radiografía de nuestro interior, que no es óptima delante del Señor.
Meditemos también: ¿Cómo respondo frente a algo que no estoy de acuerdo? A mi esposo, en mi trabajo, a mis padres, frente a mis autoridades en la iglesia, frente a mis autoridades del gobierno. ¿Cómo reacciono frente a una “injusticia”? ¿Cómo es el tono de mi voz? El Señor nos enseña cómo deben ser nuestras palabras: "Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” Colosenses 4:6.
“Panal de miel son los dichos suaves; Suavidad al alma y medicina para los huesos” Proverbios 16:24.
“Habla con sabiduría y enseña a la gente a ser amorosa y amable” Proverbios 31:26 (PDT).
Y nuestro mayor ejemplo… ¡Jesús!: “Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José?” Lucas 4:22. ¡Qué hermoso que demos buen testimonio ante los demás, al escucharnos hablar, pues seremos el reflejo de la obra del Señor en nuestros corazones para que su Nombre sea glorificado delante de los hombres!
Testeando los ojos y oídos
Otro test para hacernos es lo que miramos y escuchamos, ¿en qué y cuánto tiempo pasamos? Todo lo que miremos y escuchemos determinarán la llenura en la cual vivamos. Son tiempos muy peligrosos, de mucha distracción en donde el enemigo de nuestras almas, está poniendo énfasis en captar ambos sentidos para así sacarnos del Camino. Desde antaño, la Palabra de Dios nos advierte acerca de esto. En Eclesiastés 1:8 (PDT) dice: “Todo lo que se dice, ya se dijo; no es posible decir algo nuevo. Sin embargo, el oído siempre quiere oír más y al ojo nada de lo que ve le satisface”. Nuestro adversario está usando diferentes plataformas para captar la atención de los hombres, horas y horas frente al celular, la computadora o la pantalla del televisor mirando y escuchando lo que no conviene; atrayendo y captando nuestros dos sentidos más peligrosos, llevándonos a una inminente sequía y muerte espiritual, la cual, en muchos casos, no advertimos. Esto se ha agudizado en este tiempo, dejando a muchos creyentes sin el deseo de volver a congregarse en forma presencial, como consecuencia de haberse “alimentado” virtualmente, cayendo en el autoengaño que así se está bien.
Testeando los referentes
También, es muy común escuchar o leer cosas que citan algún pasaje bíblico o nombran a Dios, al mismo tiempo que son mezcladas con pensamientos del mundo. Con hombres o mujeres que mostraron en su vida un desprecio absoluto por las Escrituras y son citados como “ejemplos cristianos”, trayendo confusión y falta de discernimiento, mostrando un Dios “permisivo” y no un Dios “Santo”; llamando lo malo bueno y lo bueno malo. Asimismo, vemos creyentes que se deleitan en escuchar canciones mundanas; caminan ciegos, guiando a otros creyentes a la misma condición.
Timoteo fue advertido por Pablo acerca de esto: 2 Timoteo 4:3-4 “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. Y en el versículo siguiente le aconseja: “Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación. No tengas miedo de sufrir por el Señor. Ocúpate en decirles a otros la Buena Noticia y lleva a cabo todo el ministerio que Dios te dio" (NTV). Timoteo no debía apartarse de la verdad, la Palabra de Dios. Ella establecería un cerco de protección en su fe, para los tiempos que se avecinaban.
Nuestro máximo referente es Jesús. Nuestra brújula es Su Palabra. Nuestro único fundamento seguro es nuestro Salvador, y es sobre Él que debemos edificar nuestra vida, sobre lo que permanecerá para siempre. Y seremos bendecidas al rodearnos de personas llenas del Señor, que lo reflejen y nos inspiren a poner nuestra mirada en Cristo. Pero el dueño de nuestra admiración y adoración siempre será Jesús y nadie más.
Es imperiosa la necesidad de ser testeadas y diagnosticadas por el Señor, no como el médico terrenal que es limitado; sino sabiendo que Él nos conoce en profundidad y en perfección, y conoce perfectamente nuestra verdadera condición espiritual. Acerquémonos confiadamente al trono de su gracia para hallar misericordia y el oportuno socorro para nuestras almas. Pidamos con humildad que nos santifique, no adoptemos la postura de los escribas y fariseos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, ¡y corramos juntas, con paciencia, la carrera que tenemos por delante!
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