top of page
Buscar

No cruces los límites de Dios

  • Foto del escritor: bienaventuradassomos
    bienaventuradassomos
  • 6 mar 2024
  • 8 Min. de lectura



“No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28).


En el Antiguo Testamento, los linderos (límites) eran utilizados para marcar los límites de un campo en la tierra prometida. Esto era muy importante; respetar los límites y propiedades de los demás, ya que así fueron establecidos por Dios. Deuteronomio 27:17 dice: “Maldito el que redujere el límite de su prójimo…”. No era cosa liviana hacer esto, Dios mismo juzgaría a quién así lo hiciera. En la antigüedad, esto se refería a las propiedades, hoy Dios también ha establecido linderos (límites) espirituales que debemos respetar y obedecer por nuestro propio bien.


En el versículo con el que encabezamos este tema, nos hace una salvedad más, nos habla de respetar lo que nuestros padres establecieron. Todos recordamos a nuestros padres poniéndonos límites y prohibiciones; también nuestra rebeldía, reticencia y cuestionamientos: “¿por qué no puedo, si los demás lo hacen?”. Era frustrante y algunas veces los desobedecíamos, sobre todo cuando ellos no estaban presentes. Pero así no podemos proceder con Dios, ya que Él es Omnipresente. Al transcurrir los años, al crecer y en algunos casos al ser padres, pudimos comprender que lo hacían para cuidarnos y librarnos de grandes males.


Obedecer es vida


Veamos qué significa traspasar: cruzar, atravesar, horadar, ceder, entregar, etc.  Dios mismo nos advierte para que no hagamos esto, sino obedecer y respetar lo que Él mismo estableció. Sabemos también que “el primer mandamiento con promesa”, es el de honrar a nuestros padres (Efesios 6:2). Ahora ¡cuánto más honra y obediencia merece nuestro Padre celestial! “¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus y viviremos?” (Hebreos 12:9b).


Si observamos sus mandamientos, veremos que claramente son prohibiciones (linderos) que no debemos traspasar y en su Palabra nos dice: “Amar a Dios significa obedecer sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga difícil de llevar” (1Juan 5:3 NTV).  “No matarás”, “No cometerás adulterio”, “No robarás”, “No codiciarás la mujer de tu prójimo”. No son un NO por capricho o simple imposición, sino de protección, advertencias, cuidado, sabiduría de Dios. Hay dolor y terribles consecuencias en transgredir sus leyes; produce la ruptura de la confianza en las relaciones y una falta de fidelidad e integridad, lo que lleva a experiencias dolorosas que dañan a todos los involucrados. ¿O no sabemos acaso el dolor que produce en una familia el adulterio o el asesinato? Jesús pagó un alto precio por nuestros pecados y transgresiones a los mandamientos y leyes de Dios. Ofrendó su vida y derramó su sangre para salvarnos. Debemos tener en alta estima tan grande sacrificio, amor y compasión inmerecidos.


Los límites son protección


Veamos qué significa poner límites: restringir, circunscribir, condicionar, recortar, prohibir, impedir, acortar. Hoy es común ver como se cruzan los límites puestos por quien sea; padres, autoridades de cualquier índole y en cualquier lugar. Incluso en el pueblo de Dios. La Biblia y sus mandatos han quedado relegados o trastocados para poder hacer como en el tiempo de los Jueces, lo que bien le parece a cada uno.  Las reglas, mandatos, ordenanzas y prohibiciones de Dios pueden parecer exageradas, pero Dios mismo dispuso linderos-límites, que no tenemos derecho a mover, o cruzar. La autoridad de las Escrituras sigue vigente, aunque muchos quieran negar esto, argumentando lo contrario.  “Que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:11b 12). ¡Jamás podremos engañar a Dios! Hay peligro en vivir de esta manera, trae severas consecuencias.


Podemos ver esto claramente en el ejemplo de la mujer de Lot. “Cuando quedaron a salvo fuera de la ciudad, uno de los ángeles ordenó: - ¡Corran y salven sus vidas! ¡No miren hacia atrás ni se detengan en ningún lugar del valle! ¡Escapen a las montañas, o serán destruidos!” (Génesis 19: 17 NTV). La orden que Dios envió a través del ángel fue muy clara: “¡No miren hacia atrás…!”, sin embargo, en el Verso 26 leemos: “pero la mujer de Lot miró hacia atrás mientras lo seguía y quedó convertida en una estatua de sal.” ¿Estás mirando hacia atrás anhelando lo que Dios claramente prohíbe? El daño de traspasar los mandatos de Dios, nos puede costar la vida, espiritual y física “…al que aportillare vallado, le morderá la serpiente” (Eclesiastés 10:8). Vallado es un cerco de protección. Aportillar: romper o derribar una muralla. ¡No derribes los límites que Dios puso para tu propio bien! Si una serpiente muerde, hay poquísimas posibilidades de sobrevivir, el único antídoto eficaz es Cristo. Mira a Él, si esto ha ocurrido en tu vida.  “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14y15). Su Palabra “la cual tenemos como segura y firme ancla del alma…” nos afirma y guía por sendas de justicia, no caminos torcidos que solo conducen a la perdición de quienes andan por ellos. Debemos ser muy prudentes al elegir qué camino tomar, porque esto es algo que el Señor permite que decidamos nosotras.


El Señor dijo en Mateo 10:16 “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como paloma”. Él enviaba a sus discípulos a llevar las buenas nuevas de salvación; no sin antes advertirles de los peligros que acecharían. Cosas terribles sucederían, por causa del Señor serían llevados en cadenas como el apóstol Pablo ante reyes y gobernantes. Les habla de las persecuciones, de cómo los entregarían a la muerte aún sus propios familiares. ¡Debían ser muy prudentes! Prudente significa: razonable, lógico, equilibrado, sobrio. Es quien sabe discernir entre lo bueno y lo malo y actúa con sensatez, moderación y buen juicio evitando peligros. “El prudente ve el peligro y lo evita, el imprudente sigue adelante y sufre el daño” (Proverbios 22:3 DHH). Es evitar acciones audaces y peligrosas, sin evaluar antes los daños y perjuicios. En el derecho civil, la imprudencia se castiga con multas o cárcel. Por conductas imprudentes suceden accidentes fatales. Vemos entonces la importancia de ser prudentes en todos los órdenes. Prudencia, proviene del verbo provideo: ver de lejos, prever daños.


Cuando se está por edificar una casa o edificio, se excava para poner los cimientos. Cuanto más profundos son estos, más segura será la construcción. En esto hay sabiduría y prudencia, porque se evitan derrumbes como sabemos que ocurren; por terremotos, inundaciones, huracanes. Jesús dio un claro ejemplo en la parábola de los dos cimientos: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24 y 25). ¿Cómo podemos poner en duda su sabiduría? Cuando debiéramos clamar: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”? No es suficiente solo escuchar, es escuchar y hacer. No olvidar, ni tomar livianamente las palabras de Jesús porque de ello depende que nuestra casa espiritual esté firme y toda nuestra eternidad en la presencia de Dios contemplando su gloria, belleza incomparable y su majestad. Donde ya no habrá más muertes, ni peligros que asechan nuestra alma hoy.


La Roca firme


Puede llegar a pensarse que la vida cristiana se puede llevar adelante sin esfuerzo, sacrificio y negación a nosotros mismos, pero esto no es así. Miremos Lucas 6: 48 TLA “es como el que construyó su casa sobre la roca. Hizo un hoyo profundo, hasta encontrar la roca, y allí puso las bases”. Este hombre cavó y ahondó hasta encontrar la roca. Edificó en la Roca eterna que es Cristo Jesús y sus palabras. Hay mucho trabajo por hacer, muchos peligros latentes, debemos prestar atención a lo que Jesús dijo, que también lo encontramos en Proverbios 10:25: “Cuando lleguen las tormentas de la vida, arrasaran con los perversos; pero los justos tienen un cimiento eterno”. Este cimiento estable se basa completamente en las leyes y mandatos de Dios; ¡el más seguro fundamento!


Nuestras convicciones deben estar fundamentadas en las verdades de Dios; porque podemos estar convencidos de hacer algo que claramente ofende a Dios y en nombre de nuestras "propias convicciones" llevar una vida de pecado, traspasando límites que Dios estableció, siendo imprudentes en nuestras acciones. Están quienes observan nuestra vida, cómo nos conducimos en el diario vivir y podemos darles un mensaje equivocado, que todo está permitido, que Dios consiente todo. Que a Dios le da lo mismo que obedezcamos sus mandamientos o no lo hagamos. ¡Y sí sabemos bien que esto no es así! Una vida de obediencia sí que hace la diferencia ante los ojos de Dios.  “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios” (3 Juan 1:11). Los esposos, hijos, o nietos, están mirando atentamente nuestro caminar, nuestras actitudes, si realmente hay temor a Dios en nosotras. Amistades o allegados, sean cristianos o no; aunque no nos demos cuenta, nos observan. Con nuestros actos podemos afectarlos gravemente y llevarlos a pecar contra Dios. ¿Podemos reconocer entonces cuánto necesitamos estas virtudes en nosotras, sabiduría, prudencia, buen juicio, ciencia e inteligencia, conocimiento de los fundamentos y mandatos de Dios para edificar sabiamente?


 ¿Quieres tener una casa como describe Proverbios 24:3? “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará”.  De esta manera se disponen sus cimientos, para que permanezcan estables y se fortalezca una casa. Sabiduría y prudencia. Y el Verso 4 dice: “y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable”. La TLA traduce este versículo de la siguiente forma: “y llena sus cuartos de conocimiento que es el más bello tesoro”. Este es el valioso más bello tesoro: el conocimiento. 2Pedro 1:5 nos llama a “…poniendo toda diligencia…” añadamos a nuestra fe virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Estas son las cosas que deben abundar en nosotras, así no estaremos ociosas, ni sin fruto. Podemos preguntarnos ¿Dónde encuentro todo esto? La respuesta la encontramos siempre en Dios. “Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Él provee de sana sabiduría a los rectos; es escudo a los que caminan rectamente” (Proverbios 2:6y7). ¡Qué maravilloso es esto! ¡Nada nos falta si buscamos caminar dentro de los límites y voluntad de Dios! (Tito 2:5). Esto es lo que Dios manda a hacer, a través de la enseñanza de las ancianas “a las mujeres jóvenes, a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.  La palabra blasfemar significa: maldecir, renegar, vituperar, injuriar, pero en su uso estricto se refiere a “ofensa verbal contra la majestad divina”. El conducirse poniendo por obra estos mandatos trae gloria al nombre de Dios, es honrarlo, es amarlo. Somos bendecidas por Dios al respetar sus límites, obedeciéndolos. Jesucristo y su Palabra deben ser el fundamento de nuestra vida y sobre Él, sobreedificar con “oro, plata y piedras preciosas”; todo lo demás es “heno, madera y hojarasca...” que el fuego consumirá en el día del juicio.


Sus enseñanzas son buenas e importantes, obedezcámoslas y seremos “como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:3). Seremos bienaventuradas al guardar nuestros pies de todo mal camino, perseverando en la ley del Señor y meditando en ella “de día y de noche.” Este nunca será tiempo perdido o desperdiciado. “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19:7). Nos transforma y nos guía a tomar buenas y sabias decisiones, respetando los linderos establecidos por Dios sin transgredirlos.


Hay otro árbol del que nos habla Génesis 2 el “árbol de la ciencia del bien y del mal” el mandamiento de Dios era no comerlo porque morirían, pero la serpiente engañó a Eva. “¿Conque Dios os ha dicho? Y ella sucumbió ante la tentación y aún hoy se sufren las consecuencias de ese pecado original. Eva creyó qué transgrediendo la prohibición de Dios, sería más sabia que Él, porque el árbol era “codiciable para alcanzar sabiduría” y no solo comió ella, también le dio a su esposo. Qué tremendo lo que experimentaron inmediatamente después de haber desobedecido; desnudez, miedo y separación de la dulce comunión con Dios que antes disfrutaban. ¡Esto también nos demuestra que lo que hacemos, sí afecta a los demás! Lo que hacemos, sí tiene graves consecuencias, que no sabemos hasta donde alcanzarán; algunas hasta la eternidad! ¡No crucemos los límites de Dios!

 
 
 

Kommentare


bottom of page