Mi Alto Refugio
- bienaventuradassomos
- 1 jun 2022
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“En ti, oh Jehová, me he refugiado; no sea yo avergonzado jamás” (Salmo 71:1).
Si nuestro refugio es Dios en todo momento y en toda circunstancia, buena o adversa, jamás seremos avergonzadas o confundidas. Nada en esta vida tiene seguridad si Dios no está en el medio: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo 127:1-2 PDT).
Mantener una vida espiritual fortalecida y sana es fundamental. Cuando nosotras confesamos que creemos en Jesucristo, al mismo tiempo estamos diciendo que creemos en todo lo que dice su Palabra. Sabemos que hay un mundo espiritual real, tanto de luz y otro de oscuridad, uno que contiene bondad y otro de maldad. No desconocemos que existe una guerra donde estamos en el medio. Pero la buena noticia es que, permaneciendo en Cristo, ¡estamos a salvo! “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10-13).
Debemos permanecer
Al corrernos del refugio de Dios, automáticamente nos convierte en blancos fáciles para los ataques del enemigo, donde la confusión comienza a reinar en el corazón y se pierde la dirección de Dios. Por eso es tan importante permanecer bajo su abrigo, allí está nuestra seguridad: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1). Los verbos “habita” y “morará” nos hablan de alguien que permanece en una relación estrecha con el Señor; es lo que dice Jesús: “… el que permanece en mí, y yo en él…” (Juan 15:5).
La Biblia nos advierte que vamos tener días difíciles, pero su Palabra nos recuerda: “Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto” (Salmos 27:5 RVR1960). En los momentos de prueba, de adversidad estaremos a salvo porque su Nombre es Torre fuerte: “Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado” (Proverbios 18:10). El nombre del Señor es como una elevada e inexpugnable fortaleza. “Será levantado” significa “puesto fuera del alcance” del peligro. ¡Qué promesa maravillosa!
También debemos diferenciar entre "las pruebas" y “las consecuencias” del pecado. A veces es difícil distinguir a simple vista ya que, en ambas, se padece. Las dos son aflicciones pero, la gran diferencia, es que con una se padece haciendo el bien, y con la otra se padece por “meterse” en problemas por desobedecer a Dios, esas no son pruebas. Dice 1 Pedro 4 “pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello (…) De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (versículos 16 y 19). Es ahí donde la gracia de Dios nos alcanza.
Dios nos socorre, nos auxilia en esos momentos de lucha, prueba, peligros y adversidades. Estamos en resguardo en el Alto Refugio: “Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste” (2 Samuel 22:3).
Las condiciones para permanecer en el refugio son claras: “Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente” (1 Crónicas 16:11). Es continuamente nuestra búsqueda de Dios. El guardar su Palabra nos hace permanecer, perseverar, persistir, mantenernos en ese lugar. Allí Dios nos hará descansar de toda aflicción, de los problemas cotidianos, de las dificultades o adversidades diarias. Podremos enfrentarlas en el poder de su Espíritu: "Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zacarías 4:6).
Vivimos en un mundo lleno de inseguridad e inestabilidad. ¡Pero cuánto descanso encontramos en Jesús! Si aún no has ido a ese lugar, ¡es el momento para que lo hagas! ¡Hoy mismo puedes ir a los brazos de nuestro Padre! ¡No te pierdas esta hermosa bendición de vivir resguardada y amada por Dios!
Y si tu situación es que te has alejado de allí, ¡es hora de que regreses a casa! Afuera solo hay frío, soledad, sequía, dolor y muerte. Pero en Dios está la vida, la confianza plena, nuestra seguridad, nuestra plenitud y nuestra victoria: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).
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