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María escogió la mejor parte

Foto del escritor: bienaventuradassomosbienaventuradassomos

Actualizado: 6 mar 2024




María escogió la mejor parte AUDIO

“Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:42).


Sólo dos evangelios nos narran esta bella historia de tres hermanos: María, Marta y Lázaro, que vivían en una aldea llamada Betania. Cada uno de ellos tuvo un único y personal encuentro con Jesús. En este artículo, nos detendremos en el especial encuentro de Jesús con María. Veremos la actitud que tuvo ella al estar frente a Jesús. Quizás ella no tuvo la comprensión absoluta de quién era Aquel que había llegado a su hogar. Pero con su sola presencia entendió que allí había alguien excepcional.


Su presencia irradiaba algo que en nadie jamás había visto. Esto llamó su atención de inmediato. Él expresaba palabras inefables. Su mirada irradiaba un amor que hasta ese momento nunca había conocido. Él capturaba su atención. Ella permaneció a sus pies prestando la debida atención a este invitado de tan alto honor. No perdería ni un solo segundo, quería aprovechar al máximo ese valioso tiempo con este amigo tan particular y especial.


Sus palabras eran tan profundas, su corazón ardía al escucharlas. Él le hablaba del amor del Padre, del reino de los cielos. Él es el Hijo del Dios Altísimo, el Enviado para traer salvación a todo aquel que creyera en Él.


Si leemos el versículo anterior, veremos que Marta estaba turbada y afanada, Jesús le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.” En cambio, María gozaba de una paz y un bienestar que superaba todo lo terrenal. Ella decidió escoger, como dijo Jesús, “la buena parte”: la mejor decisión que pudo haber tomado. Esta porción escogida que Dios tiene para cada uno de aquellos que sabiamente y en humildad deciden rendirse a los pies del Señor.


María podía haber hecho lo mismo que Marta, estar ocupada preparando todo para Jesús y olvidar lo más importante, pero habría terminado llena de insatisfacción como su hermana; agotada y frustrada.


Escojamos la mejor parte

Podemos preguntarnos, entonces ¿Cuál es esa buena parte que no supo escoger Marta? Esa buena parte es Jesús, la mejor parte, el tesoro más preciado. Es estar en su presencia, escuchar su dulce voz dándonos a conocer las cosas de arriba, las del reino; porque lo terrenal, afanes, deseos, anhelos, un día terminarán. Pero hay un tesoro eterno que nunca descubriremos sin estar a los pies de Jesús, “…la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó…”.


Al estar en presencia de Dios un maravilloso y amplio panorama de la eternidad alumbrará nuestro entendimiento y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, será bendecido. ¡Cuánta belleza pudo contemplar María! Un deleite sin igual inundó su ser de tal manera que nada de lo exterior la pudo distraer, ni siquiera los reproches de su hermana Marta. Ella no se sintió ofendida por esas palabras, estaba tan enfocada en su amado Señor, que ¡¿Qué importaba lo demás?! Todo había perdido importancia.


Quizá Marta demostraba su malestar haciendo más ruido que el necesario, pasando la escoba, sacudiendo el polvo o golpeando las ollas. Nada de esto pudo distraer a María. Toda su atención estaba centrada en Jesús. ¡Es que hay tanto de Jesús por conocer! El Salmo 16:11 nos dice en detalle lo que experimentamos en su presencia, allí “hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.


Adora a Jesús

Nunca terminará este deleite que solo Jesús puede darnos. En Él hay una belleza superior, sublime, suprema, Él es deslumbrante. Él es quien nos describe: Apocalipsis 1:5 “Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre…”. ¡Hay tanto porqué adorarle! Presta atención a estas palabras, “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu…” (Isaías 57:15). ¡Qué maravilloso es esto! El Dios que vive eternamente y por siempre, el Altísimo. El único Dios verdadero, vive en corazones humildes y quebrantados que se derraman a sus pies, como lo hizo María.


Juan 12:3 nos detalla esta preciosa escena: “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del perfume.” María no obró improvisadamente, ella tenía planeado este acto de amor, entrega y gratitud, lo tenía en su corazón.


No sabemos cómo consiguió ese perfume, pudo haberlo comprado o haber sido un regalo, lo que sí sabemos es que era de mucho valor monetario. Aun así, no le importó; lo derramó a los pies de quien ella consideraba, su mayor y más preciado tesoro.


¿Consideras así a Jesús en tu vida? ¿Ofrendas lo mejor y más preciado para ti? ¿Tu vida, tu familia y aun tus bienes materiales? ¿O escatimas y retienes algo que tiene más valor para ti? Jesús te está invitando a derramar lo mejor de ti a sus pies.


Toda la casa se impregnó de la dulzura de la fragancia que emanaba de aquel costoso perfume. A ninguno de los presentes allí les pasó desapercibido lo que esta mujer hizo, adoró públicamente a su Señor, sin ninguna reserva.


No fue solo un perfume

María no solo derramó ese perfume tan preciado, derramó todo su amor por Jesús, su Señor, el dueño de su alma. Derramó todo su ser. Ella misma se involucró en ese acto de adoración secando los pies de su Señor con sus cabellos. Ningún prejuicio la detuvo. Había una belleza particular en esta ofrenda. No le importó la mirada juzgadora de aquellos que apreciaban otras cosas, con un corazón cargado de codicia y de pecado.


Para quienes no aman a Jesús, nuestra vida rendida a Él es un desperdicio, porque no pueden entender que, en esto, consiste la verdadera plenitud de vida, la mayor de las riquezas. Jesús mismo apreció este acto de amor y la defendió así: “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho”. Y añadió más: “Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:6 y 8). Nada fue al azar, había un propósito maravilloso en este acontecimiento, Jesús debía ser ungido antes de morir, ya que no sería posible hacerlo después por ser día de reposo. La vida de María estaba siendo guiada por Dios a través de su Santo Espíritu. Su voluntad estaba rendida a Él y Dios podía cumplir sus planes a través de ella.


¡Qué gran recompensa!

Luego Jesús pronuncia una promesa que hasta el día de hoy vemos cumplirse: Versículo 9: “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella”. María jamás imaginó la trascendencia e implicancia que tendría el hecho de haber decidido, que el mejor lugar donde ofrendar su vida, era a los pies de Jesús. La NTV traduce así Lucas 10:42 “Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará”.


María se caracterizó por estar a los pies de Jesús, en todas las circunstancias de su vida: en su hogar (Lucas 10:39), ante la muerte de su hermano (Juan 11:32) y en este especial acontecimiento (Juan 12:3). Así también debe ser en nosotras, la humildad y sumisión a Dios debe caracterizarnos.


¿Dónde, en qué o en quién estás ofrendando hoy tu tiempo, tu vida? Escoge la buena parte; estar a los pies de Aquel que ofrendó su vida hasta la muerte por ti. Esta parte nunca será un desperdicio de tiempo y jamás te será quitada. La recompensa es amor, gozo, paz y vida eterna junto a Jesús.

 
 
 

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