Las estaciones de la vida - Viendo la majestad de Dios
- bienaventuradassomos
- 7 may 2024
- 9 Min. de lectura

“Mientras el mundo exista, siempre habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche” (Génesis 8:22 PDT) .
Como sabemos, las estaciones del año son cuatro y se denominan: Primavera, verano, otoño e invierno. Cada estación cuenta con distintas características y es lo que me gustaría desarrollar, porque podemos encontrar a Dios en cada detalle.
Mientras tomaba un té, sentada frente a la ventana, observé por varios minutos, unos árboles que se ven a corta distancia. Estamos en otoño y uno de esos árboles ya tiene sus hojas de un color amarillo, algo tan característico en esta época del año. Lo observé detenidamente porque me cautivó su belleza. Al instante, pensé en Dios y pude verlo tan presente en la naturaleza, su perfecta y maravillosa creación.
Las distintas estaciones, nos muestran la majestad de Dios. Majestad significa grandeza, superioridad y autoridad sobre otros. Todo esto lo encontramos plenamente en nuestro Dios.
Otoño.
A grandes rasgos, el otoño se caracteriza por:
· El clima comienza a enfriarse y a hacerse inestable: las temperaturas transitan entre el calor veraniego y el frío invernal, y los días comienzan a acortarse.
· Las hojas de los árboles tienden a amarillear, secarse y caer, y los troncos quedan desnudos en preparación para el invierno. De esta manera ciertas especies vegetales se protegen de la pérdida de agua que implican las bajas temperaturas.
· Las especies animales suelen almacenar comida o grasas corporales, para resistir durante el invierno.
· La actividad agrícola se dedica a la cosecha y recolección de los frutos.
Al leer todas estas características, podemos pensar que Dios todo lo hizo con sabiduría y perfección. La primera característica habla sobre el cambio en el clima, si lo llevamos a lo espiritual, al no buscar de Dios, nos enfriamos y eso produce que seamos inestables. Dios no aprueba que seamos de esta manera. Veamos qué nos dice el Señor en Santiago 1:8 “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”.
En los versículos anteriores, Dios nos dice que, si tenemos falta de sabiduría, se la pidamos y él la va a otorgar, pero nos dice que lo hagamos con fe, sin dudar, porque a los que dudan, lo compara con la onda del mar que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.
Esto nos habla de inestabilidad, que es falta de firmeza. Dios quiere todo lo contrario en nosotras, quiere que seamos personas estables, resistentes y seguras en él. Nos quiere firmes en su Palabra, que meditemos en ella de día y de noche, Josué 1:8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”.
En cuanto a estabilidad, seguridad y resistencia, podemos meditar en los dos tipos de cimientos, que vemos en Lucas 6:46 al 49. Se nos describe a dos hombres que edificaron dos casas totalmente diferentes. Uno se nos dice que lo hizo con esfuerzo, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca, sin embargo, el otro hombre, dice que edificó sobre tierra, sin fundamento. Los dos tuvieron que enfrentar un cambio en el clima, pero sólo la casa del primero resistió ante esa inundación y el ímpetu del río; no la pudieron mover porque estaba fundada sobre la roca.
En la tercera característica del otoño, las especies animales almacenan alimentos para resistir en el invierno. En Proverbios 6:6 al 8 “Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el Verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento”. El Señor no nos quiere perezosos, sino diligentes. En Romanos 12:11 “En lo requiere diligencia, no perezosos, fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Dios nos quiere activos en su obra. Esforzados para él. Merece lo mejor de nuestras vidas.
Y la última característica, hacía referencia sobre la cosecha y recolección de los frutos. El fruto simboliza el resultado, la ganancia de una obra. Al leer la palabra fruto, podemos mencionar Gálatas 5:22, en el que podemos ver cuál es el fruto del Espíritu: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Debemos pedir a Dios que todo esto esté presente en nuestras vidas, ya que es muy importante vivir en Espíritu y morir a la carne y a sus obras. De esta manera, agradamos a nuestro Señor.
Invierno.
Es la parte más fría de las cuatro estaciones del año. Se caracteriza por tener días fríos y cortos, de baja radiación solar, junto con noches más largas y heladas.
Características del Invierno:
· La estación más fría.
· Los días son más cortos y las noches más largas.
· Se ubica entre el otoño y la primavera.
· El descenso en la radiación solar merma la capacidad de crecimiento de las plantas, por lo que no hay ni siembras ni cosechas, y en algunas regiones el suelo se congela y endurece o se cubre de nieve. La vida se adapta a dichas condiciones a través de diferentes mecanismos, como la hibernación.
· Hay un descenso marcado en la humedad.
Se trata en general, de una estación exigente, que prepara a la vida para el resurgir de la primavera. En general, se le entiende de manera similar a como entendemos la muerte: como una etapa trágica pero natural, que forma parte inevitable del circuito de la vida.
Muchas veces, sentimos que los días son más cortos (el día no alcanza para hacer las tareas que debemos realizar) y hasta nos parece que las noches son más largas (donde nos inundan todo tipo de pensamientos).
En ese crudo Invierno, podemos experimentar la sensación de que nos sentimos morir. Al atravesar por todo esto, qué importante es llenar nuestra mente y corazón de la palabra de Dios, vestirnos de Su armadura (Efesios 6:10 al 20) y tomados de Su mano, presentar batalla; para que estos sentimientos y emociones no nos dominen y ganen la batalla.
En Salmo 23:4 “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento". El Salmo 30:5 “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”. En el versículo 11 de este mismo Salmo, “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría".
En Salmo 94:18 y 19 TLA “Pero te llamé al sentir que me caía, y tú, con mucho amor, me sostuviste. En medio de mis angustias y grandes preocupaciones, tú me diste consuelo y alegría”.
No olvidemos que Dios nos cuida en todo tiempo, él está presente en cada estación de nuestra vida; permanece fiel y tiene todo bajo su control. Todo lo que atravesamos en él (si lo amamos) tiene un propósito.
Leamos Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
Debemos entender que son tiempos para nuestras vidas y que muchas veces, nos llevan a buscar más de Dios, aprendemos a depender de él.
El invierno no dura para siempre, sólo es una estación del año, pero cuán necesaria es. En Isaías 28: 24 al 29 dice: “El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará los terrones de la tierra?
Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, y la cebada en el lugar señalado, y la avena en su borde apropiado?
Porque su Dios le instruye, y le enseña lo recto; que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta, sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara.
El grano se trilla; pero no lo trillará para siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los dientes de su trillo.
También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría”.
¡Confiemos en que el invierno pronto pasará y llegará la tan anhelada primavera para nuestras vidas!
Primavera.
Características de esta estación:
· Tiene temperaturas suaves y agradables y aumento de las precipitaciones.
· Los días comienzan a alargarse y las noches se acortan.
· La temperatura se calienta, el aire se humedece más que en invierno.
· Brotan nuevas hojas en los árboles y las flores se abren.
· También es el momento de disfrutar de la abundancia de frutas y verduras en esta época del año, como piña, papaya, calabaza, berenjena, brócoli, entre otros.
· Incluso, los animales exhiben comportamientos característicos de esta temporada. Muchos tienden a despertarse del período de hibernación.
· La temporada comienza poco después del invierno y termina con la llegada del verano.
En Cantares 2:11 al 13 leemos: “Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven".
¡Qué hermosa estación! Nos habla de un resurgir y si lo llevamos a lo espiritual, nos podemos maravillar al ver cuando Dios trae un renuevo en nosotros, nos permite florecer para él. Podemos disfrutar de sus bendiciones a diario como vemos en el Salmo 68:19 “Bendito el Señor, cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación”.
En Deuteronomio 11:14 y 15 (TLA) “Dios les enviará sin falta la lluvia de otoño y de primavera. Así cosecharán ustedes su propio trigo, y nos les faltarán el vino ni el aceite; tendrán abundancia de alimentos, y a su ganado no le faltarán pastos”.
En Oseas 6:3 (TLA) “¡Volvamos a Dios! Si lo hacemos así, él vendrá a buscarnos; vendrá como el sol de cada día, ¡como las primeras lluvias que caen en Primavera!". Para recibir las bendiciones de Dios, debemos esforzarnos por buscarle y obedecerle, sólo de esa manera es que daremos fruto para su gloria.
En Mateo 24:32 dice “De la higuera aprended la parábola: cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca”.
Verano.
Características:
· Es la más cálida de las estaciones.
· Tiene lugar entre la primavera y el otoño.
· Se trata de una estación vinculada con la cosecha (aunque ésta depende del tipo de semillas sembradas).
· Tiene relación con el período vacacional, ya que, en muchas regiones, la población huye del calor agobiante hacia latitudes más frescas.
En cuanto a la cosecha, encontramos lo siguiente en Gálatas 6:7, que dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Es muy importante que prestemos la debida atención a qué estamos sembrando, ya que, de eso dependerá cómo será la cosecha. En el versículo 4, del mismo capítulo: “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro”.
No debemos desviar nuestra vista para ver qué están haciendo los demás. La salvación es personal y cada uno dará cuenta a Dios de lo que hayamos hecho.
En Juan 21:20 al 22, encontramos cuando Pedro le pregunta a Dios por Juan y nos puede impactar la respuesta de nuestro Señor al decirle: "Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¡qué a ti? Sígueme tú". En TLA la pregunta es así: "¿Qué te importa a ti?".
Muchas veces, el Señor nos responde de esta manera al poner nuestra mirada en lo que los demás hacen, ya que él quiere que centremos nuestra mirada en él y lo que estamos haciendo en nuestra vida para honrarlo cada vez más.
En Gálatas 6, en los versículos 8 y 9 leemos: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción, más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. ¡Vale la pena no desmayar haciendo el bien!
En Proverbios 10:5 (LBLA) dice: “El que recoge en el verano es hijo sabio, el que duerme durante la siega es hijo que avergüenza”. Podemos relacionarlo cuando tenemos momentos, épocas de alegría, calma, descanso, cuando parece que todo nos va bien, no olvidar que, en esos momentos también tenemos que buscar de Dios y acumular en nuestros corazones ese buen tesoro (Lucas 6:45), para poder afrontar de manera correcta cuando lleguen a nuestras vidas el otoño o el invierno espiritual.
Como conclusión, podemos finalizar con el versículo con el que comenzamos, que se encuentra en Génesis 8:22 (PDT) “Mientras el mundo exista, siempre habrá siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche”. ¡Gracias Señor porque cada estación tiene su belleza y nos enseña más sobre ti!
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