Espera en Dios
- bienaventuradassomos
- 29 oct 2022
- 5 Min. de lectura

“En tí, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; líbrame en tu justicia” (Salmo 31:1).
Este, como muchos otros Salmos, comienza con un clamor desesperado: “Líbrame”, “No sea yo confundido jamás”, y continúa diciendo: “Inclina a mí tu oído”, “Sácame de la red”, “rescátame pronto”, “Ten misericordia de mí”.
Pero en el verso 7 encontramos esta preciosa exclamación: “Me gozaré y me alegraré en tu misericordia…”. Es un sube y baja de emociones encontradas. A pesar de su aflicción, puede alegrarse en Dios porque Él es su Roca, su castillo. ¡Él sabe lo grande que es Dios! ¡En Él puede confiar! Pero luego, describe lo que siente su alma: él está en angustia, hay dolor.
Está agotado, solo, y siente miedo. Aun así, ésta es una declaración de confianza en el Dios que él conoce y sabe que es fiel. ¿No nos sentimos identificados con David y algunos de los escritores de los Salmos? ¿Cuántas veces nos hemos sentido exactamente igual? En la mañana podemos experimentar una plena confianza en Dios, y solo unas horas más tarde, tener dudas y desesperanza. Muchos personajes bíblicos pasaron tiempos en que debieron esperar en Dios: David, Jonás, Elías, Jeremías y otros. Dios no nos ocultó lo que ellos sintieron en esos momentos. Pero estos hombres de Dios, no se dejaron vencer por las circunstancias que estaban viviendo. En ningún momento dieron lugar a la incredulidad en sus corazones. Se fortalecieron en Dios y prorrumpieron en alabanza y adoración; aún en medio de lo que enfrentaban. Por la fe, veían al Invisible, pusieron su mirada en Él, no en las circunstancias que estaban viviendo. Se apoyaron en Él.
El significado de esperar
Miremos entonces qué significa esperar: Poner en alguien la confianza, de que hará algún bien. Tener esperanza de lograr o que se realice algo que se desea. Creer o saber que sucederá una cosa.
En hebreo, (Lejacot-Jikah) - Sugiere en su raíz, la idea de firmeza, solidez, seguridad. Aguardar.
En griego, (Perímene) - Abstenerse de actuar o moverse por un tiempo, hasta que algo ocurra.
Y aquí nos encontramos con lo que Dios nos dice en su Palabra: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10a). Esperamos en Él. No intervenimos nosotras. Estamos quietas en su presencia, buscando su dirección. Sin hacer nada, si Dios no lo indica. Confiamos en su intervención en nuestras circunstancias, con la certeza de que nuestra vida está en sus manos.
David podía decir sin temor: “En tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15a). ¡Las mejores manos, el mejor lugar! ¿Dónde podríamos estar mejor? ¡Que esta sea nuestra fuerte confianza! Saber que el Dios Todopoderoso tiene todo bajo su perfecto control. ¡Qué descanso nos da, qué dulce paz trae a nuestro corazón!
“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor” (Salmo 40:1). David esperó con mansedumbre, tranquilo. Se refugiaba en los brazos de su Padre. En este caso, David acudía a Dios, una y otra vez. Con paciencia, había un clamor esperanzado. Depositaba toda su confianza en Él. ¡Sabía en quién había confiado! Pudo comprobar en muchas oportunidades en el pasado, que Dios siempre vino a librarlo. Que nunca lo abandonó. Dios era su socorro y su pronto auxilio.
Recuerda lo que Dios hizo
Las diversas experiencias vividas en el pasado con Dios nos dan la gran bendición, de poder traer a memoria las liberaciones que Él ha hecho a nuestro favor. Recordar su fidelidad, ¡que nunca hemos sido defraudadas al esperar en Él! No nos ha dejado, ni desamparado. Aun lo que no entendíamos en esos momentos; el dolor, la enfermedad, la traición, las crisis: ¡Todo nos ayudó a bien! Como nos dice Romanos 8: 28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Hoy reconocemos qué necesario fue esto en nuestras vidas. Dios nos ha transformado, y añadido preciosas riquezas espirituales, que nunca hubiéramos disfrutado sin haber atravesado estas aflicciones.
Pero si aún no has tenido esas experiencias personales con Dios; puedes ir a su Palabra, leer y meditar en lo que hombres y mujeres vivieron tomados de la mano de Dios. Cómo ellos comprobaron y experimentaron lo fiel y bondadoso que es Él. ¡Qué preciosa garantía tenemos! Hombres y mujeres que no permanecieron en desánimo o depresión, ellos fueron fortalecidos por Dios, recibieron esas nuevas fuerzas que no son humanas, sino sobrenaturales.
Si no, ¿cómo David hubiera podido exclamar?: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!” (Salmo 31:19). ¿Para quiénes son estas promesas? ¡Para aquellos que esperan en Dios!
Muchos no podrán entender por qué no actuamos como ellos esperan que lo hagamos. Por qué no hacemos lo más fácil. Por qué no queremos hacer nada fuera de la voluntad de Dios, aunque eso quizá “acortaría” los tiempos; y nos “facilitaría” (aparentemente) muchas cosas. Pero es que hemos comprendido que manejarnos en el temor de Dios, nos traerá grandes y verdaderos beneficios y bendiciones permanentes.
¿Has pensado, lo que significa contar con la protección del Dios Todopoderoso? ¿Ser escondidos por Él de todo peligro; ser librados de grandes males? Pero por sobre todo, y además del bien que pudiéramos recibir en nuestro paso por esta tierra, tenemos la promesa de gozar de una eternidad en la presencia de Dios, sin más dolor, ni aflicción. En un gozo sin fin. ¡Para siempre disfrutando de su amor! No hay comparación, con lo que pudiéramos lograr aquí. ¡Y esta es nuestra esperanza! 2 Pedro 3:13 dice: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”.
Dios cumple sus promesas
Con paciencia, con perseverancia esperamos el cumplimiento de esta gloriosa promesa. Creyendo que así, como vimos el cumplimiento de su Palabra en otras situaciones, también el Señor dará fiel cumplimiento a esta preciosa y grandísima promesa. Como claramente lo expresa el Apóstol Pedro en su epístola en 2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.
¡Cuán grande es su amor, que paciente es Él! Siendo Dios y teniendo el poder de hacer lo que desee, nos espera con amor. Él no quiere que perezcamos. ¡Él quiere darnos vida, vida verdadera! Debemos imitar la paciencia del Señor en toda situación. Es un fruto del Espíritu: Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Son necesarias cada una de estas virtudes en nuestras vidas. Andar en el Espíritu, vivir en el Espíritu.
Sin dudas vendrán tentaciones para hacernos caer de nuestra firmeza en la espera, de reaccionar carnalmente, llenando nuestro corazón de desaliento y desesperanza. ¡No permitas esto! Corre a refugiarte en Dios. Clama a Él. Con fe y perseverancia en Dios y atendiendo a su Palabra podrás vencer. Recuerda, no hay imposibles para Dios. En ocasiones, veremos maravilladas cómo una Palabra que hemos leído tantas veces, de repente, cobra nueva vida y nos sentimos renovadas en nuestro espíritu. Hay esperanza, y la paz del Señor llena nuestro corazón una vez más.
Apresurarnos a resolver las situaciones según nuestro parecer, a la larga solo nos traerá dolor, fracaso y frustración. Luchar con nuestras fuerzas es infructuoso e inútil. Zacarías 4:6 dice “Entonces respondió y me habló diciendo: Ésta es la palabra de Jehová a Zorobabel que dice: No con ejército, ni con fuerza, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Podemos tener todo de nuestra parte, pero si hemos dejado de lado a Dios: ¡No tenemos nada! En cambio, Dios tiene recursos inagotables. ¡Espera en Dios!
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